Por qué seguir viajando a Mysore

Reconozco que soy bastante dejado para sentarme delante de un ordenador y dedicar cierto tiempo a escribir (y describir) más aún si se trata de vivencias y acontecimientos personales. Sin embargo, es cierto antes del viaje me comprometí, aunque fuera de manera informal, con algunos de los alumnos que me pidieron que, al igual que hice el año pasado, de alguna manera reflejara por escrito qué supone a nivel vivencial una estancia (moderadamente) larga en ese rincón del Sur de India llamado Mysore.

 

Justo hace un año comencé este blog llamado “Crónicas desde Mysore”. Un blog que a pesar de haber sido cruelmente abandonado y presa de las telarañas durante tanto tiempo de manera sorprendente sigue teniendo un considerable número de visitas cada mes. Lógicamente este año no voy a entrar en tantos detalles geográfico-históricos del lugar donde he vivido ni del surgimiento ni la evolución del Ashtanga Yoga Institute ni de las figuras de Sri K. Pattabhi Jois ni de su nieto Sharath, actual paramguru de la tradición del Ashtanga Yoga. En las entradas anteriores del blog (sí, en las de hace un año) todo ello (y mucho más) se encuentra generosamente explicado.

 

 

SIN GRUPO Y SIN PROFESOR

 

Desde que se abrió la shala de Conde de Miranda (hace ya casi 5 años!!) debido a varias circunstancias diferentes mi práctica de Ashtanga Yoga dejó de ser algo que realizaba bajo dos entornos que considero bases fundamentales: 1) la compañía de un grupo y 2) con la ayuda y la guía de un profesor. Y pasó a ser una experiencia eminentemente en solitario. El tránsito no fue fácil. Perder la figura relevante del maestro, del profesor supone dejar muchas cosas por el camino. Siempre traté de cultivar una relación de cercanía y de confianza con los que fueron mis profesores. Algunos verdaderos maestros de vida. De ellos aprendí una cosa fundamental. Que la relación entre el profesor y el alumno se nutre tanto de palabras como de silencios. Consideré que si me ponía en las manos de un profesor, él (o ella) debía conocer mis dificultades, mis dudas, mis carencias, mis ilusiones, mis miedos. Con el tiempo aprendí que los verdaderos maestros ni siquiera necesitan que les contemos todo eso. ¿Por qué? Porque nuestra práctica habla en la mayoría de las veces por sí misma de cómo somos y de cómo estamos. Si estamos nerviosos nuestra práctica será acelerada, si estamos tristes y deprimidos nuestra práctica será pesada, si la ansiedad domina nuestra vida nuestra respiración estará sumamente agitada e inestable, si somos presa del miedo y la incertidumbre nuestro cuerpo se pondrá rígido, si somos competitivos perdemos la capacidad de atención observando continuamente qué es lo que hace el de al lado, si no hemos aprendido aún a escuchar a nuestro cuerpo nos lesionaremos, cuando nuestra mente está en calma la práctica estará dirigida por una respiración serena y consciente. Pero no conviene tratar de etiquetar todo ello como algo “malo” o como algo “bueno”. Es mejor y sin duda más útil vivirlo como parte del tránsito, del camino. Lo verdaderamente importante es sentir cada experiencia y aprender de ella para ser mejores. Todo lo anterior lo puedo escribir porque durante muchos años lo he vivido y lo sigo viviendo en primera persona. Sin embargo puedo decir que el Ashtanga Yoga transforma mi vida cada día. Me enseña a calmarme mediante el uso adecuado de mi respiración, a enfrentarme a desafíos que nunca hubiera pensado que superaría y así conseguir trascender mis miedos, a ser humilde y tener la capacidad de reconocer mis propios límites, a tener una experiencia diaria de silencio donde confluyen sobre una sencilla esterilla de algodón mi cuerpo, mi mente y cada una de mis emociones en un ejercicio cotidiano de autoconocimiento.

 

Abandonar la experiencia de una práctica continua en grupo también supuso de alguna manera una gran dificultad añadida. El tener compañeros en una práctica de yoga es sin duda un gran aliciente, un permanente aprendizaje mutuo y un estímulo constante. En la actualidad ,sin embargo, esta experiencia grupal en la práctica la percibo más como profesor que como alumno. Y con especial incidencia en las clases de primera hora de la mañana. Por las propias circunstancias del horario de tarde en la vida de cada uno a esa hora siempre hay mucha más rotación y, como consecuencia, muchos más abandonos. Por la mañana de manera lenta pero contante se ha ido conformando un pequeño grupo de alumnos y alumnas que apenas fallan a su práctica. Siempre los mismos días. Siempre a la misma hora. Incluso una norma no escrita donde ya cada uno tiene su propio lugar para hacer la práctica. El establecer esa rutina de hacer algo a lo que nadie nos obliga de manera externa (por ejemplo, una obligación laboral) siempre los mismos días, siempre a la misma hora hace que de manera inconsciente adquiera un papel de gran significado e importancia en nuestra propia vida. El compartir todo eso, día tras día, mes tras mes, año tras año, hace que entre los alumnos se establezca una relación de complicidad y cercanía. A pesar de que quizás ni siquiera se conozca el timbre de voz de la persona que tengas al lado. Se comparten los progresos, se comparte la dificultad ante los obstáculos que puedan ir surgiendo, se comparte la motivación, se comparte ese camino de crecimiento.

 

 

UNA NUEVA ESTANCIA EN MYSORE

 

Entiendo perfectamente que hay mucha gente dentro de la comunidad internacional de Ashtanga Yoga para los cuales Sharath Jois es, cuanto menos, una figura muy cuestionada y discutida. No voy a ser yo el que les quite la razón. Especialmente si la base de los argumentos que sustentan su animadversión se reduce únicamente aquellos aspectos de su persona que pudieran resultar más contradictorios. Muchos protestan por la cantidad de dinero que cobra por sus clases, otros se acaloran porque discrepan vehementemente de sus métodos de enseñanza, algunos más por la gran cantidad de alumnos y alumnas que acepta en sus clases. Yo no voy a tratar de rebatir cada uno de esos puntos, primero porque llevaría demasiado tiempo (una entrada extra del blog) y segundo porque todo ello descontextualizado y aislado de otros muchos aspectos siempre les dará la razón. Siempre he creído que los seres humanos somos una dualidad de luces y de sombras y Sharath muy probablemente, a pesar de ser un gran maestro, no es ajeno a esa circunstancia. Además cualquier persona que tenga determinada exposición pública siempre estará sujeta a la crítica, a la alabanza y, por supuesto, a la indiferencia. No se puede (quizá ni se debe) contentar a todo el mundo. Sin embargo yo prefiero centrarme en su lado más positivo, que lo tiene, y desde mi opinión y mi experiencia con él brilla y resplandece con gran fuerza sobre lo negativo.

 

Para mí el gran descubrimiento de la figura de Sharath Jois ha tenido lugar fundamentalmente a lo largo de los 2 últimos viajes de 2 meses, el pasado año 2016 y el actual 2017. Han sido en este espacio en torno a 100 sesiones bajo su tutela y he tenido en este tiempo de aprender mucho de él tanto desde mi papel como alumno y estudiante-de-por- vida de Ashtanga Yoga como desde mi perspectiva de profesor. Aunque Sharath es relativamente joven (45 años) acumula una gran experiencia. En torno a 30 años junto a su abuelo Sri K. Pattabhi Jois, como alumno y profesor asistente y los últimos 8 como director del Ashtanga Yoga Institute en Mysore (desde el fallecimiento de su abuelo). Han sido miles y miles de alumnos procedentes de todos los continentes, con todo tipo de personalidades, mil y una manera de enfrentarse a la práctica, muchos de ellos aún principiantes y otros en cambio practicando series muy avanzadas. Todo ese bagaje y larguísima experiencia han ido conformando en él a un auténtico maestro. Alguien con una capacidad de observación e intuición increíble. De enseñar muchas veces desde el silencio y la ausencia de palabras. A veces con muy pocas palabras o indicaciones es capaz de modificar aspectos de tu práctica que consideraba estancados de por vida. Me encanta cuando en las conferencias de los domingos se refiere a algunos alumnos que consideran el Ashtanga como un circo donde exhibir ante él y ante los demás sus habilidades físicas. Sharath insiste que el yoga no es nada de eso. Que su objetivo no es que sus estudiantes a través del yoga consigan algún día realizar ninguna proeza física sino llegar a transformarnos e irnos haciendo mejores personas cada día. Y una de las cosas que más me cautivan de su persona es que sus palabras no son huecas, sino que predica desde el ejemplo personal. Día tras día durante su temporada de enseñanza en Mysore (de Octubre a Marzo) se levanta en torno a la 1.30 am (sí, has leído bien) para realizar su práctica personal en su casa y a partir de las 4 am recibir a los primeros alumnos que continúan llegando durante toda la mañana hasta que los últimos terminan su práctica a veces en torno a las 11 am. Todos los que nos decidamos a esto sabemos la energía y la concentración que requiere atender una práctica de apenas 20 alumnos a la vez durante 2- 3 horas. No me puedo ni imaginar los que puede ser con 70 a lo largo de 6-7 horas consecutivas.

 

En los últimos 5 años Sharath Jois ha sido el único profesor con quien he tenido la oportunidad de práctica de manera asidua y continua. En realidad su figura trasciende la de mero profesor y para denominarlo deberíamos usar un termino en los lenguajes occidentales expresamente no existe y que es el de guru. Esta palabra la relacionamos siempre con un maestro espiritual. Y así es. Sin embargo tiene un significado etimológico muy bonito: literalmente en sánscrito es algo así como “el que elimina la oscuridad de la ignorancia” (la sílaba gu-oscuridad, la sílaba ru-el que elimina). Un día tuve la mala ocurrencia de llamarle teacher y me miró y muy serio me dijo: “I’m not your teacher, I’m your guru”. Para mi es un privilegio el ser su alumno. Como antes dije cualquier intento de traducir la palabra al inglés o al castellano no tiene mucho sentido. De alguna manera Sharath hace que haya vuelto a tener ese sentimiento de que alguien conoce y guía mi práctica de Ashtanga. Alguien que va iluminando el camino.

 

Aunque la figura de Sharath es clave para mis viajes a Mysore también el sentido de comunidad y de pertenencia a algo grande es algo importante en aquel rincón de India. Para todos y cada uno la práctica de Ashtanga es uno de los pilares fundamentales donde se sustenta nuestra vida. Y eso de manera evidente genera gran conexión y unión entre todos. Una pequeña torre de Babel compuesta por unos cientos de personas procedentes de todo el mundo. Con la mayoría apenas te llegas a conocer de vista pero con muchos y muchas ,independientemente de la diferencia de culturas y de idiomas, se genera una amistad de por vida. La experiencia de Mysore establece unos vínculos personales muy fuertes. En el fondo es el compartir una misma manera de vivir y de entender la vida apoyada en la práctica de Ashtanga Yoga tal cómo se ha enseñado y se sigue transmitiendo desde el KPJAYI

 

 

 

UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA DE LA PRÁCTICA

 

Y ya termino con una pequeña anécdota personal. La parte final de la práctica es extremadamente intensa. Es lo que se denomina back bending sequence. Se realizan 9 back bendings muy poderosos (asanas que implican extensión o curvaturas hacia atrás de la columna). Después de una práctica larga uno llega a esa parte final ya con las fuerzas muy mermadas y se enfrenta sin duda al tramo más exigente: 3 ūrdhva dhanurāsana con 5 respiraciones (o puente completo elevándose desde el suelo), 3 bajadas sin ayuda desde la posición de pie a ūrdhva dhanurāsana y posterior subida (lo que se denomina drop-backs y back-ups), 3 bajadas con asistencia a media posición de drop-back la última de ellas bajando manos al suelo y acercar las mismas todo lo posible hacía los pies (en no pocos casos se agarran los tobillos o incluso las pantorillas). Si no tienes muy claro de lo que estoy hablando haz click aquí para abrir un video (aunque no es exactamente literal respecto a lo que he contado). Como dice una amiga mía en Mysore los backbendings finales son The Holy Bible. Sharath les da una importancia muy grande. En esta parte de la práctica no hay posibilidad de distracción. Tan exigente es que cuerpo y mente deben permanecer muy vinculados y concentrados. Los alumnos, que después de cierto tiempo de práctica, lo han incorporado a su rutina saben bien de lo que hablo.

 

Pues bien. El mes o dos meses antes de viajar a Mysore, al realizar esta secuencia, especialmente los drop-backs (bajadas) y los back-ups (subidas) surgió en mi espalda una sensación muy desagradable. Era únicamente en esta parte de la práctica ya que el resto del día no tenía ningún problema. Al tratar de curvar mi espalda para bajar hacia atrás desde la posición de pie algo se bloqueaba en mi espalda y se irradiaba como una gran corriente eléctrica por toda la pierna izquierda. Una sacudida terriblemente intensa que impedía muchos días que pudiera realizar la secuencia. A pesar de tratar de modificar de mil y una maneras la posición de mi pelvis, la separación y rotación de mis piernas, la colocación de los brazos al bajar con diferentes posiciones de los hombros, activación y relajación de diferentes áreas musculares de piernas, pelvis y espalda. En fin, todo lo que pensaba que me podía ayudar a superar aquel trance. Tenía la práctica bloqueada en un punto que era importante y no sabía bien como superarlo. El viaje a Mysore había llegado y todo seguía igual.

 

Los primeros días de práctica en Mysore nada cambió cuando llegaba al “gran momento” de los backbendings. Especialmente cuando tenía que realizar los medios dropbacks (te tiene que asistir un profesor para hacerlos). A cada uno de los profesores asistentes cuando llegaban a ayudarme les contaba un “rollo” con toda esta historia que describí hace unas líneas. En realidad ninguno supo como ayudarme de manera adecuada. A veces si Sharath estaba cerca me miraba y yo le hacía un gesto como diciéndole : “No sé que pasa. Me duele. No sé cómo solucionarlo”. El cuarto o quinto día de clase se acercó el mismo Sharath a hacerme la asistencia. Él no dijo nada al principio. Yo temiendo el dolor en la zona lumbar y la espalda que me esperaba empecé a contarle de nuevo la misma historia que a sus profesores asistentes. Que si la pelvis, que si la pierna, que si tal, que si cual. Él con su sonrisa socarrona me miró fijamente y me dijo: “Forget everything. Just breathe. Breathe properly”. Vale pues. Me concentré solo en la respiración. Me olvido de todo lo demás. Bajo exhalando profundamente. Subo inhalo de nuevo de manera larga y lenta. Vuelvo a repetirlo. Así hasta 3 veces. Consigo bajar y caminar bastante con las manos hacía los pies. Increíble. Todo perfecto. Ningún dolor. Ninguna molestia. Después de meses y meses “peleándome” conmigo mismo y todo era cuestión de “respirar adecuadamente”. Cuando llegué a la posición de pie de nuevo Sharath me miró, sonrió y me dijo su famoso “very good”. Una pequeña frase. Un gran aprendizaje. Yo siempre diciendo a los alumnos en la escuela “respira, respira” cuando siento su respiración bloqueada o inestable y sin embargo me encuentro yo mismo ante un desafío busco por mil y un lados y no encuentro la respuesta. Pienso que es una mala alineación de esto, de lo otro, algún bloqueo o alguna no adecuada contracción muscular. Y nada de eso. Era lo más básico. El pilar fundamental del Ashtanga. La respiración. Me olvidé de ella y todo colapsó. Volví a encontrarla y todo de nuevo ocupó su lugar de equilibrio. A veces las soluciones a los mayores problemas son las más sencillas. Y casi siempre son esos grandes maestros los que nos ayudan a encontrarlas.

 

Dos meses en Mysore dan para esto y para mucho más. Experiencias de alegría y de tristeza. La práctica diaria tan intensa es un gran agitador de emociones. Muchas de las experiencias las puedo contar. Otras (mejor) me las quedo para mi

8 comentarios sobre “Por qué seguir viajando a Mysore

  1. Sólo puedo decir GRACIAS por compartir. Todas estas vivencias me ayudan mucho tanto para motivarme a crecer en mi práctica diaria como para no venirme abajo y saber que mis limitaciones son parte del camino.
    Gracias por ser mi gurú (y el de muchos) en este gran camino ashtangui!
    Namaste~

    Me gusta

  2. Fantástico Nacho, preciosa reflexión.
    Me encanta formar parte de ese ambiente de las mañanas dónde estamos casi siempre los mismos en los mismos sitios. Algo muy especial que espero poder mantener pese a las complicaciones laborales.

    Me gusta

  3. Muy interesante Nacho. A mi también como tu sabes se me resisten algunas posturas, no muchas ehhh. También me gusta como a Chisco pertenecer a ese grupito madrugador, aunque siempre soy la primer, o casi siempre. Gracias por todos estos años, poco a poco voy avanzando. Nos vemos.

    Me gusta

    1. Dentro de poco te voy a tener que dejar las llaves para que abras tu : ) Alumnas como tú tan firmes y constantes en su práctica ya a lo largo de años es son la mayor satisfacción que puede encontrar un profesor. Así que gracias a ti también por seguir viniendo

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s